viernes 23 de octubre de 2009

Conductor designado, que no resignado


En alguna época tuve la intención de hacer una campaña a favor de designar a uno del grupo para que no bebiera y luego manejara. Estaba inspirada por una campaña mexicana (en la que conductores designados eran agasajados con comida y bebidas sanas en bares, discotecas y restaurantes), así como por los accidentes de varios de mis amigos. Muchos están vivos para contarlo, con cicatrices y hasta impedimentos físicos, otros se fueron al más allá.

Un día de Halloween me salvé, cuando mi secuaz de esos años (con el que andaba en moto de arriba para abajo) tuvo un accidente. Como cosa muy rara yo no pude llegar a la fiesta porque me dolía el estómago, mientras que Carlitros se fracturó un brazo y algunas costillas. Si hubiera ido con él, atrás y sin casco, quizá no estuviera contando la anécdota. Luego, cuando ya tenía carro, irresponsablemente manejaba a deshoras después de las parrandas (muchas veces yendo a dejar a varias personas a sus casas) y no me pasó nada de pura suerte.

Quien no la tuvo fue mi querido amigo E. E. Cuando lo conocí, ya no bebía porque había tenido problemas con el alcohol y por eso lo había dejado. Un poco mayor que el resto, estaba casado y tenía dos hijas, algo muy remoto para el resto de nosotros, bohemios desatados. Entonces él era como un guía, nos aconsejaba y nos cuidaba. Era vendedor de día y político de noche. Excelente dirigente, con las ideas claras y sin ambición de poder. Lo admiraba por la paciencia que tenía al acompañarnos a maratónicas reuniones de charla y guaro. Junto a Ferquis tomaba gaseosa y nos seguía la corriente. Es triste reconocer que el alcohol está enquistado en nuestra cultura, tanto, que lo vemos como algo natural.

No olvidaré el día que llegué a mi Facultad y encontré a E. E. sentado en nuestro peladero totalmente bolo, y feliz. Había ido a Nicaragua a algún asunto político estudiantil y los nicas lo habían traído de vuelta a Baco. No me alegré, me sentí mal, triste. El autor del único boletín de la Huelga de Dolores sin palabras soeces, se miraba diferente, definitivamente perdía algo estando ebrio. La razón por la que no podía beber era porque le gustaba seguir la parranda por días y días.

Muchos pueden beber (o ingerir alguna otra sustancia) de vez en cuando, sin que eso afecte sus rutinas. Otros desafortunados se pican, se engazan, agarran furia. Para ellos es mejor no empezar porque no saben cuándo van a parar.

La última vez que vimos con vida a E. E. fue en una fiesta alegrísima en La Bodeguita del Centro. El no frecuentaba esos lugares, pero ahí estaba, saludando de mesa en mesa con sus ojos verdes perdidos y cansados. Me alegró verlo, pero extrañaba a mi amigo el sobrio, el que tenía siempre la cabeza en lo importante, que se sentaba conmigo por las tardes a hablar sobre marxismo. No imaginaba que unas horas después estaría muerto por culpa de un accidente.

Dicen que no iba manejando, que iba muy tomado en el asiento de atrás y por el choque salió disparado del carro. La verdad no es muy claro lo que pasó. Nadie sabía quienes eran los que le dieron jalón igual o más ebrios que él, ésos que al ver que estaba muerto lo dejaron abandonado. Fue una gran pérdida, fue horrible ver a sus pequeñas hijas llorando en el funeral. Supongo que a todos nos hizo pensar en lo que estábamos haciendo, en lo irresponsables que éramos. Sin embargo, no faltaron los brindis en su honor.

Esos años turbulentos me dejaron valiosas lecciones y nuevas manías. Ahora cuando salgo a trasnochar ya no manejo. Además, luego de un horrible incidente relacionado con el alcohol y la manejada (que conté en el post del 21 de julio), he convencido a mi media naranja de usar taxi si vamos a beber. Suponto que somos chistosos para los taxistas, pero prefiero que se rían a dejar huérfano a Manuelito.

Lamentablemente, todos los días hay gente conduciendo ebria. Quizá debería retomar mi vieja idea de la campaña del conductor designado, pero no estoy segura qué tanto éxito tendría. La mayoría de personas nos ponemos necias cuando estamos ebrias, además nadie cree tener un problema con la bebida y algunos hasta dicen que manejan mejor con traguitos.

Muchá, si beben no manejen, designen a alguien para hacerlo o, si la fiesta está muy alegre y todos se ponen bolos, regresen en taxi. Por favor.

lunes 12 de octubre de 2009

Decepcionada

Defender los derechos de la mujer, de palabra obra y omisión, no es fácil. Porque hablar es sencillo, actuar no tanto. Es por eso que se aplaude las iniciativas de mujeres inquietas por hacer conciencia de la importancia de este tema, como las chicas de Naik Madera que andan haciendo bulla (literalmente) donde las dejan.

Aunque somos casi tantas como los hombres (7 millones vrs. 6.6), las mujeres somos minoría en la mayoría de campos. La música es uno de ellos. Aunque cantantes hay bastantes, músicas (quiero decir el equivalente femenino de músico) no tanto, o por lo menos no las conocemos.

Por eso me molesta que las pocas que hacen el intento de llenar ese vacío, no aprovechen la oportunidad. Me dio pena ajena ver a Naik Madera en concierto. No me malinterpreten, aplaudo el esfuerzo de hacer un festival de mujeres artistas. Es un inicio. Me contaron que la mayoría de actividades estuvieron muy bien (no pude asistir debido al trabajo y otros compromisos), en su mayoría con participación bastante joven.

Hace rato que quería ver tocar a Naik Madera, en vista de que ellas mismas se promueven tanto. Siempre pasaba algo y me perdía los conciertos. Por último, pude oír alguito en MySpace, pero para ser sincera no me sorprendieron, quizá era mucha la expectativa.

El sábado del festival Ixchel llegué al Paraninfo a la hora anunciada y ya estaban cantando, según me dijeron ya llevaban unas cuantas canciones. Se miraban cansadas y como incómodas en ese escenario pelado, tanto que las puertas que están atrás estaban visibles. Cero presupuesto para escenografía ni tramoya.

Pero eso es lo de menos. Cuando hay talento, un artista se planta sin nada y domina la escena. Pero este no era el caso. Para empeorar, una chica se subía a hacer algo, creo que era una especie de performance, pero no se entendía. Supongo que no era una artista profesional. Las integrantes del grupo lucían desarregladas y hasta desencajadas. Respeto a quienes creen que la mujer no debe arreglarse pero, por favor, se supone que son artistas que se desenvuelven en el escenario, deberían poner un poco de empeño. De ahí las críticas de que las feministas no nos arreglamos.

Todo lo anterior puede fallar, pero la música no, pues es lo que convoca al público. Sin ánimo de creerme crítico musical, quiero decir lo que me pareció como simple mortal. El sonido era fatal. Sonaban como si estuvieran ensayando, la batería escandalosa era lo que predominaba, las guitarras apenas se oían, las percusiones eran inexistentes. No se entendía cuando hablaban, mucho menos cuando cantaban. A mi parecer, todas las “canciones” sonaban igual. Ese ritmo entre reggae y banda de escuela, monótono y nada atractivo, parecía adormecer en lugar de emocionar a la audiencia, que se veía igual de cansada que ellas.

La voz de la cantante es linda, pero mal amplificada no sobresale. Además, la chica canta como para sí, no hay contacto visual con el público ni se mueve con seguridad. En general se ven chiviadas, parecen aficionadas. Da la impresión que son activistas que hacen el intento de hacer música para dar sus mensajes, no artistas profesionales.

Para ser un evento patrocinado por UNIFEM (el equivalente a la UNICEF en el tema de la mujer) y otras organizaciones, debieron ponerle más atención a todos los detalles.
El concepto sonaba tan genial, pero en la práctica me han decepcionado.

viernes 9 de octubre de 2009

Drama, drama, drama


Ese cartel de advertencia que ven arriba lo encontré en una tienda de curiosidades, lo compré y lo puse en las gradas que conducen a mi dormitorio, mi boudoir.

Si buscan la frase “reina del drama” en el diccionario puede que encuentren una foto mía. Para combatir el aburrimiento (sí, el de siempre) vivo de emociones fuertes. Amo con pasión y locura, pero también odio (o pretendo odiar) con fuerza. Eso me hace sentir viva. Lo sé, estoy medio loca.

Abrazo mis causas ciegamente quizá, y las defiendo a morir. Por eso parezco radical, pero en realidad me gustan los extremos, la polémica, el enfrentamiento, el caos. Digo lo que pienso aunque no me lo pidan.

Lo malo, según me aconsejó mi gurú, es lo del odio. Quizá en el fondo no es odio, es más como que necesito descargar en alguien mis malas vibras. La mayoría de las víctimas de este tifón de desprecio son inocentes, algunas ni las conozco muy de cerca pero me caen gordas. Otras, han sido amistades que se me han rebelado. Muchas son pobres personas que estaban en la mirilla de mi furia en el momento equivocado.

Pero no les hago daño, lo juro. Critico sin piedad, las o los ridiculizo, me río de todo lo que hacen, pero nada más. Al rato se me pasa y hasta me caen bien.
La última víctima de mi ira fue una pobre principiante. Simplemente me cansó su egocentrismo y vanidad, su pueril forma de ver las cosas, su forma de autopromoverse, su ¡mírenme mírenme! Pero he decidido detener mi campaña. Al final de cuentas, después del desahogo, qué me importa lo que haga, diga o piense.

Espero poder controlar mis deseos de tener drama en mi vida. Herencia de los boleros que oía mi mamá (sin ti no podré vivir jamás), las telenovelas que miraba de pequeña cuando no había cable (incluidas Los ricos también lloran y Dallas), los dramas del barrio y los chambres de oficina.

lunes 5 de octubre de 2009

Duerme, duerme Mercedes


Cuando entré a la universidad solamente conocía a Silvio Rodríguez y creía que era lo único que había que oír. Los jóvenes ilustres que conocí en mi amada AEH me enseñaron que había más, mucho más, que escuchar de la música Latinoamericana.
Con especial cariño, me presentaron a Mercedes Sosa, que ellos llamaban cariñosamente “la negra” como quien habla de una entrañable compañera.
Durante los largos años que caminé con ellos las peripecias del movimiento estudiantil y popular, su peculiar voz nos acompañó. Más de una vez nos dio aliento en el cansancio, o puso la esperanza en algún momento triste de muerte y balazos, o la dulzura cuando había hostilidades.
Me imagino a los millones de soñadores y luchadores que acompañó a lo largo de América Latina. Entonces solo puedo imaginar el dolor que embarga a tanta gente ahora que se fue “la negra”, que se apagó su luz.
Mi corazón está con esos muchachos al parecer duros e infalibles que al oírla se ablandaban y callaban. Para ellos el pésame. A ella, a la grande entre las grandes, un profundo agradecimiento por ponerle música y poesía a las luchas de nuestros pueblos en las horas más críticas.
Al igual que Alfonsina, con quien ha de estar dando vueltas entre las nubes del cielo, vivirá por siempre a través de su obra, de su creación. He ahí la grandeza del arte, de la poesía, de la sencillez.
Solo le pido a Dios, Mercedes, que tu canto siga vivo entre quienes necesitan sentirse humanos, solidarios, llenos de amor. Tu plegaria de que la reseca muerte no te encontrara vacía y sola sin haber hecho lo suficiente fue escuchada. Bravo, Mercedes.

viernes 2 de octubre de 2009

Sobre las Fiestas de Octubre

En Guatemala hay muchos artistas valiosos, la mayoría formados con sus propios medios, desarrollándose como pueden cuando sus otros trabajos se lo permiten. Solamente si ganan algún premio o reconocimiento “importante” (que generalmente es internacional), se les hace la bulla. De lo contrario, jamás. Los artistas que tienen una larga trayectoria tienen la satisfacción de haberlo logrado por sí mismos.
Es muy largo de enumerar las razones y los matices de esta problemática, como larga es la historia de un país fallido como Guatemala.
Los festivales culturales son parte de estas tareas titánicas que algunos soñadores llevan a cabo. Admiro a Lucía Escobar por lo que ha hecho desde que se fue a Panajachel. Pero en esencia lo que más me gustaba era su independencia, su carácter “artesanal”, por llamarle de alguna manera. Ella y su esposo han construido alrededor de sus Festivalitos y sus Festivalotes una mística de colaboración, de solidaridad y de convivencia entre artistas, ajenos a cualquier filiación política o corriente ideológica.
Sin embargo, esta mística se ve amenazada ahora que se han involucrado en las Fiestas de Octubre. Les tengo verdadero afecto y he recibido apoyo de ellos tanto en lo personal como en lo profesional, pero no logro comprender cómo no se dieron cuenta que inmiscuirse con la gente de este gobierno no tendría ningún resultado positivo.
Cuando primero me enteré que Lucía convocaba a artistas para un festival, un poco a la carrera para mi gusto, no me sorprendió. Luego se empezó a hablar de los 7 millones y de ACUDE y de que el gobierno apoyaba, y hasta entonces conecté ambas cosas.
Los artistas más importantes tienen agendas llenas con sus propios proyectos, por lo que me pareció que convocar en agosto a un evento que se llevará a cabo en octubre hablaba ya mal de un evento que quiere venderse como lo más grande nunca antes visto.
Ahora, con toda la polémica de los 7 millones que en realidad no eran tales, mi pobre amiga está en medio de un problemón que se está tomando a pecho, quizá muy a pecho.
Me pongo en su lugar y veo que de buena fe ella quiso aportar en un algo que sonaba muy bien, un super festival que contaba con lo que otros no tienen: fondos. Los organizadores vieron la oportunidad de aprovechar su experiencia en la organización de festivales parecidos, pues gente como ella logra hacer posible lo imposible.
Sin embargo, no contemplaron el rechazo que tiene el público en general ante lo que hace este gobierno con lo que consideran su dinero. El panorama no podría haber sido más adverso, en medio de hambrunas y sequías. Todo lo que huele a escándalo “Colom” se pone en las primeras páginas de los periódicos, los columnistas lo empiezan a comentar, la gente empieza a opinar. Y así, de un plumazo, el trabajo y la buena intención de personas como Lucía se vieron afectados.
En lo particular, me choca la forma tan superficial que el gobierno ha querido reivindicar a los mártires de nuestro país, con mantas y homenajes. Me choca que se comparen con gobiernos realmente humanistas y solidarios. Por ende, veo oscuras intenciones en todo lo que hacen. A pesar de admirar tanto la Revolución de 1944, como izquierdista que soy, no me nace ir a nada de lo que ellos organicen. Prefiero ir a la marcha.
Lamento que Lucía y otras personas honorables hayan quedado atrapadas en esta polémica. Para hacer un festival de la magnitud que ofrecen, no se necesitan 16 horas diarias de trabajo por algunos meses, sino una entidad que trabaje todos los días por años. Mejor se hubieran reunido a pensar bien las cosas, a hacer alianzas y consensos y organizar algo para el 2010.
Por ejemplo, el Festival en el Centro Histórico de la Ciudad de México, que por 25 años ha hecho uno de los eventos más esperados de la región, tiene todo listo para el que realizarán en marzo 2010, y están empezando a planificar el del 2011.
Lucía, no te tomes a pecho una guerra que se libra a otros niveles, entre políticos y otros sectores de poder. La cultura seguirá adelante, como dices tú, con o sin dinero. Mejor si sin dinero del gobierno.

jueves 1 de octubre de 2009

Mi niño


La primera vez que lo vi era un frijol con corazón, un minúsculo ser en forma de guisante que brincaba con cada latido en la pantalla de la clínica. Meses después, pude verlo en una impresión de ultrasonido, lo que para los demás era un montón de sombras, para mí era un rostro que me sonreía.
Cuando al fin vino al mundo, recuerdo que era moradito y al besarlo lo sentí tibiecito, lloraba desesperado en medio de aquella sala de partos. Inmediatamente se lo llevaron para pesarlo, limpiarlo, vestirlo, fue la primera vez que nos separábamos y yo me quedé preocupada y desconcertada. Me preguntaron si me quería dormir pero yo no quise, quería estar despierta para cuando regresara.
Mientras me recuperaba de la operación, no dejaba de preguntar dónde estaba mi bebé. Las enfermeras se miraban entre sí como preguntándose ¿y ésta por qué no está dormida? Una de ellas se compadeció y fue a traer a una cosita arrugadita enrollada como un taco y con los ojos hinchados, que me acercó apenas por unos segundos.
Creo que fue una crueldad hacerme esperar toda la noche (la cesárea terminó como a las 11) para reunirme con mi hijo. Como no había aceptado los medicamentos para dormir, no pude pegar un ojo, pasé toda la noche pensando y pensando y pensando. Fue una larga vigilia, contando cada segundo. El amanecer me encontró ojerosa y emocionada, luego llegó una enfermera con un carrito donde él iba dentro. Ya menos morado y no tan llorón, abrió los ojos lo más que pudo y no dejaba de mirarme, como reconociéndome. Yo, sencillamente, estaba en éxtasis.
Desde entonces, tengo un refugio en su mirada, en sus pequeños brazos, en su boquita que dice las cosas más divertidas (aprendió a decir “te keko” bien rápido). Tiene una forma de ser muy especial, en realidad es tranquilo, como su papá. Aún así, a veces me saca de quicio cuando quiere andar en triciclo por la casa, cuando quiere bailar mil veces la misma canción. Quizá no soy la mujer más maternal del mundo, quizá el papel de madre no es el más idóneo para mí, pero cómo amo a ese niño. Ese pequeño al que le encantan los carros, que gusta de “aplastarme” en el sillón, que tiene una hermana imaginaria (a quien llama “nena” pero es en realidad una vieja almohada) a quien corrige y enseña, que discute y juega con su amigo imaginario a quien llama “gunasito”. Ese niño que adora los chocolates, el yogourt y cualquier cosa con limón y sal.
Hoy quisiera regalarle un mundo mejor, quisiera prometerle que tendrá una larga y feliz vida, quisiera darle la mejor educación posible, quisiera, quisiera quisiera…
Sin embargo, él no pide nada. Solamente me recibe feliz en la puerta cada tarde, feliz de verme, feliz de que sea su madre. Su inocencia es el mejor antídoto para la locura de cada día, para el cansancio, para las preocupaciones adultas. Tenerlo en mi vida me ha cambiado, me ha humanizado, me ha enseñado mucho más de lo que yo podré enseñarle a él jamás.
Apenas va a cumplir 4 años, cuánto nos faltan por recorrer. Solo espero estar ahí en cada caída, en cada alegría, en cada corazón roto, en cada triunfo.
Feliz día del niño, mi amado Manuel.

jueves 24 de septiembre de 2009

Sobre divas y modas




Cuando para otras mujeres la moda y la belleza son cosas para momentos de ocio, que muchas no se permiten, últimamente para mí se ha vuelto parte de mi trabajo. No lo planeé así, creí que siempre iba a trabajar en periodismo “serio”, pero aquí estoy. Al fin tantas lecturas de revistas, las visitas a las tiendas y las horas y horas en frente al espejo han servido de algo.
Mis revistas favoritas siguen siendo Vanity Fair y Vogue (en papel e inglés por supuesto), las cuales empecé a leer a finales de los 80s (no es que sea tan vieja, sino que empecé cuando era una quinceañera). Para mí era lo máximo leer y de paso practicar my reading, perderme en páginas y páginas de bellas fotos, que encima olían tan bien por las muestras de perfume. Pero lo mejor, aunque no lo crean, era el contexto en el que aparecían aquellos trapos, pues los artículos de ambas publicaciones suelen ser muy buenos y bastante extensos.
Últimamente leo cada mes también InStyle, que no tendrá tanto contenido editorial pero está en lo último. No es tanto para mujeres elegantes, sino para entusiastas de la moda y fashion victims que andan tras el último grito o artículo “it”.
Creo que ambos tipos de acercamiento a la moda ejemplifican muy bien a sus seguidores. Unos solo quieren estar “in”, quieren sobresalir gracias a lo que se ponen sin importar el costo, que no les quede bien o no tengan nada más que enseñar al mundo. Por el contrario, mujeres como Ana Wintour, editora de Vogue, tratan de integrar la moda a la vida de una persona interesante. Luego de ver a una mujer que tiene estilo propio no recuerdas lo que tenía puesto, solamente que se miraba fabulosa. En cambio, cuando se trata de una pobre víctima de la moda solo recuerdas, “ah, la chica de botas, o de bufanda, o de mala combinación”.
Aunque la moda suele asociarse con lujo, no tiene que ser precisamente cuestión de dinero, sino de buen gusto. He visto gente adinerada que se viste fatal y hippies o artistas que con poca inversión y mucha creatividad se ven geniales. Pero hay de todo. Por supuesto que muchas otras mujeres pudientes son elegantísimas y muchas chicas trabajadoras se ven ridículas con su ropa de paca. No hay una receta exacta. Tampoco es cuestión de belleza, suele pasar que mujeres bonitas tienen un gusto fatal, convencidas de que todo se les ve bien. Otras, son como la recordada italiana Marella Agnelli, que por años fue la mejor vestida del mundo, que afirmaba que al no sentirse agraciada se vio en la tarea de buscarse un estilo único.
En las revistas suelen preguntarles a los fashionistas famosos (últimamente casi instantáneos gracias a la ropa gratis y los estilistas) quiénes son sus style icons, aquellos que realmente han sido trend setters y que no serán jamás olvidados.
Siempre he proclamado que el mío es Jackeline Kennedy Onassis, pero no tanto en su etapa de primera dama, con sus sombreros pill box y colores pastel, más bien en su etapa de editora en Nueva York. Viuda y libre, se paseaba por la ciudad relajada y cómoda pero siempre chic. Ahora he incluido algunos otros íconos como Diana Vreeland (predecesora de la Wintour en Vogue) señora medio rara pero con bastante joie de vivre, y Vivienne Westwood por revolucionaria. Además, tengo un apartado para las más jóvenes en las que incluyo a Kate Moss (nadie como ella para hacer lucir un vestido de noche cool gracias a los accesorios), Karla Bruni, Vanessa Paradis, Bjork.
No es que uno quiera copiar, sino que estas mujeres inspiran al demostrar que también por medio de lo que se ponen expresan quiénes son, le dan un toque diferente a un mismo trapo que otros lucen. Cuando nos gusta cualquier forma de expresión o arte debemos conocer y entender sus componentes básicos para poder apreciar mejor. De lo contrario, daremos palos de ciego y creeremos que inventamos el agua azucarada.
En Guate tengo algunas personas admiradas. Nunca olvidaré la primera vez que vi a Regina José Galindo (que ahora tiene otro estilo), iba con una gabardina de muy buen corte, maquillaje claro y labios rojos. Chic sin esforzarse demasiado. A otra que he admirado (aunque ahora no la veo mucho) es a Claudia Armas, buen gusto, elegante y cool a la vez. Entre los hombres, me encanta cómo se viste Emiliano Valdés, un dandy muy de por aquí, flaco el dichoso todo se le ve bien. Una pareja bien estilizada es Emilio Méndez y su esposa, siempre elegantes. Otros que me han sorprendido por su porte y originalidad han sido Rosa Chávez, el famoso Verde, Darío Escobar.
El Estilo y la Moda no son lo mismo, en todo caso, el primero puede beneficiarse de la segunda, o no. La industria de la moda se aprovecha de los ilusos que creen que la personalidad se puede comprar.

lunes 21 de septiembre de 2009

Todas mis locas






Uno de mis miedos es totalmente irracional: a la locura. Miedo a de repente perder la razón, salirme de mí, ser otra, una Jessica demencial, fuera de control, absolutamente loca.
Por ese miedo, creo, es que debo hacer que personajes tomen vida y hagan todo eso por mí. Los saco de mi lado más oscuro, engendrados y alimentados con mis más sombríos pensamientos. Atropellar al perro de la vecina, empujar el carruaje de un bebé calle abajo, envenenar la comida que serviré en la cena, entrar a una iglesia repleta completamente desnuda, vomitar en el restaurante más elegante de la ciudad.
Ellos hacen todo eso y más, endemoniados, riendo como dementes que son, para luego matarlos, exorcizarlos, y seguir adelante. No me malinterpreten, no soy sicópata, soy muy feliz, adoro mi vida, pero temo que esa locura de un golpe puede arrebatarme todo.
También admiro a las locas de otros, esas mujeres que en novelas y películas cometen actos de locura (que no de maldad). Se me ocurren Yocasta, Madame Bovary, Mrs. Dalloway, la Maga, Alejandra (de Sabato) en literatura. En el cine hay más, muchas de las chicas Almodóvar representan una manera divertida y hasta chic de ser loca (como la de Atame), de Buñuel adoro a su Bella de día y la chava de Ese oscuro objeto del deseo (que literalmente tiene dos caras).
Pero hay tres que últimamente me fascinan. Carolyn Burnham, la supuestamente perfecta esposa en American Beauty de Sam Mendes, que desencantada recurre al adulterio y al asesinato; Laura Brown, otra ama de casa pero de The hours (basada en la novela de Michael Cuningham) más joven y embarazada, que en los años 50s no encuentra otra salida a su aburrida vida que intentar suicidarse con todo y el bebé en su vientre. La tercera es nueva: April Wheeler de Revolutionary Road, también de Sam Mendes. No daré detalles para no arruinarle la historia a quienes no la han visto, pero es una mujer que ve poco a poco derrumbarse sus sueños, enclaustrada en su linda casa de suburbio. Su caída ocurre poco a poco, entre las supuestamente normales discusiones entre esposos.
Todas ellas me inspiran. El problema es que cuando no escribo, cuando no exorcizo todas esas ideas, pues mi miedo aumenta, ¿es que un día tendré ese ataque de locura? Espero que no. Tengo que terminar ese cuento de la pobre mujer que vive temiendo su locura, tanto que se vuelve loca de tanto pensar.

lunes 14 de septiembre de 2009

Te estoy besando


Qué envidia me da la música, en dos segundos nos ponen en el tono y ambiente que necesitamos. Para escribir estoy oyendo "I´m kising you de Des’ree" y me remonta a una tarde como hoy, con viento…
Todo para poder hablar del beso más largo de la historia. ¿Han besado a alguien y han sentido que todo se detiene alrededor? ¿Que ese tierno y hambriento contacto de alguna manera abre insospechadas posibilidades, como si una ventana se abriera para dejar entrar fresca brisa y luz a una habitación oscura?
Así fue ese beso, que empezó hace 5 años y no ha terminado. En el tiempo de los que no están besando seguramente duró apenas unos segundos, pero yo estaba, estoy, ahí pensando “te estoy besando, te estoy besando, no puedo creerlo”.
Esperar, ansiar ese beso por 16 años fue mi gran hazaña, recibirlo mi salvación. En el momento justo, a un paso del abismo, ocurrió. La redención no es exclusividad de los religiosos, les ocurre también a personas como yo. Pasa, no muy seguido pero pasa, que un alma atormentada e inestable, se topa con una llena de luz, de paz, de amor, y entonces la problemática, el almasola, se aferra a esa luz corriendo el riesgo de quedar ciega, de quemarse, de no poder aguantar tan intenso sentimiento, pero feliz.
Desde ese entonces, cuando empezó ese beso, no he dejado de dar gracias. Soy demasiado afortunada, tanto que a veces no sé cómo manejar mi dicha. Solo espero estar a la altura de lo que este regalo, este beso, requiere de mí.
Y yo que pensaba que el amor era una tontería, que el mundo era oscuro y gris, heme aquí llorando de dicha mientras pienso, canto, “I’m kissing you I’m kissing you”. Feliz aniversario.

viernes 21 de agosto de 2009

¿Por qué todo lo quieren hacer película?


Hoy leí que van a hacer una película basada en Brave new World de Huxley y tuve emociones encontradas. El libro me impresionó de tal manera que recuerdo exactamente donde estaba cuando lo terminé de leer. Cuando la facultad de Medicina de la USAC estaba todavía en el campus de la zona 12, quedaba desierta después de las 4 de la tarde. Sus pasillos eran ideales para sentarse a leer en silencio en bancas de madera viejas y bellísimas. Ahí estaba sentadita cuando cerré el libro maravillada.
Hay algo único en la relación entre la literatura y el lector. Una comunicación íntima de uno a uno. Abres el libro y abres la mente creadora de algún genial ser humano.
No todas las adaptaciones de los libros a las películas son malas (Trainspotting por ejemplo), incluso hay un par que los superan (ejemplo es The Godfather). Pero ambas formas de narrar son totalmente diferentes. Sabato (oh sí, mi venerado Sabato), decía que entre una novela y una película existe la diferencia que hay entre un avión y un submarino. El avión ofrece bellas imágenes panorámicas, en un momento nos muestra todo el paisaje. En cambio, el submarino va a las profundidades que son oscuras pero no menos fascinantes. Hecho para ir despacio, el submarino va echando luz sobre lugares quizá inexplorados. Según el escritor, un novelista que quiere comparar su obra on la narrativa del cine es como ver a ese submarino queriendo salir a la superficie y dar pequeños saltos fuera del agua. O sea, patético. El pensador argentino incluso llega a afirmar que muchos escriben libros ya con la idea de que se vuelven películas, solo con la ambición de obtener más dinero que con la poco lucrativa literatura.
Estas palabras me confundieron la primera vez que las leí. Mucho de lo que escribo es una película en mi cabeza. Pero también entiendo que algunas cosas (esos benditos monólogos interiores) no veo cómo podrían representarse. Son dos artes diferentes. El cine, arte relativamente joven, es ágil y puede con una imagen, como dice el cliché, decir mil palabras. En cambio, la literatura, arte tan viejo como el mismo hombre, nos permite meternos en el personaje y saber qué piensa, qué dice, que le pasó antes y que puede pasarle después.
En suma: cada forma de arte, cine y novela, tiene sus propias razones de ser y responde a sus propias características.
Cuando leí La virgen de los sicarios, de Vallejo, como muchos tuve una relación de odio amor con el libro. Bello y a la vez, horrendo, como la realidad misma. Una oda la muerte, un dulce canto de destrucción. Mis respetos.
Luego, conseguí la película. No soporté ni 5 minutos. De un golpe (de mala actuación y estética de telenovela) me mató el cuadro. No quise seguirla viendo, no quería cambiar mi opinión acerca del genial texto del colombiano.
Solo un exquisito puede hacer una película exquisita, mejor si basándose en un exquisito texto. Pero en la industria del cine lo que abundan son los productores ambiciosos que con tal de que le guste a la mayor cantidad de gente posible, hacen películas uniformadas y predecibles.
Lo mejor, creo, es leerse los libros y luego ver la película. Bien hechas, cada uno puede ser un acercamiento diferente a la misma historia.
En mi particular forma de pensar, al masificar cualquier cosa se va vulgarizando, trivializando. En lugar de ser un personal ejercicio intelectual, se vuelve un producto más del mercado.
Para mi sería triste si una persona que tiene como película favorita 50 First dates, por ejemplo, vea Brave new World y se dé el lujo de despreciarla, o peor, creer que así se acerca a los textos de Huxley.